Paadín – Lamosca

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Paadín
Diseñador gráfico
Lamosca

El diseño en Barcelona

Clarísimamente sí, la profesión se está deteriorando. Hay muchos factores.
Creo que todos tienen que ver con el cambio tecnológico.
Por ejemplo, hoy en día hay una cultura visual diferente, la gente está expuesta a más ruido por Internet, por la calle, etc…

Es difícil que se genere una cultura visual coherente, que esta cultura coherente se traslade a los medios, los medios la trasladen al público y el público la perciba.

Internet existe y, con él, existe la capacidad de hacer las cosas uno mismo. En el 1995 me compré mi primer ordenador. Era genial que todo el mundo pudiera hacerlo todo por sí mismo. Como idea, lo sigue siendo. Pero tiene efectos colaterales. Al mismo tiempo que pones en la mano de todo el mundo la capacidad de hacer cualquier cosa también disuelves la cultura, o como mínimo la cultura visual.

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Es difícil poner en valor el trabajo de uno mismo en este contexto.
Por otra parte, la bajada del precio del trabajo hay que ponerla en un contexto más amplio de precarización de la realidad laboral en general.

Quizás deberíamos plantearnos si las estructuras gremiales que hemos tenido hasta ahora son las adecuadas para dar respuesta a esta situación.

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¿Barcelona, innova o copia?

Esta pregunta implica la percepción de Barcelona como un ente único. Eso a mi nunca me ha parecido correcto. Cuando llegué a Barcelona nunca me sentí identificado con lo que se conocía como diseño Barcelona. En Lamosca, durante muchos años, hemos sido unos bichos raros. Durante mucho tiempo, el diseño arraigado en el movimiento moderno, que es lo que hemos hecho siempre, era una cosa extraña. Algunas veces se veía antiguo, otras demasiado moderno, pero en cualquier caso no tenía nada que ver con los valores que tenía el diseño barcelonés, como una cosa fresca, mediterránea, blablabla… Yo nunca he sentido que exista el diseño barcelonés en esos términos.

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Ahora mismo, el diseño gráfico en general, y desde mi punto de vista, tiende más a una interacción de estilos, a una atomización. Y esta atomización tiene mucha más visibilidad hoy en día. Tú puedes ver lo que están haciendo los punks, que es una cosa determinada, puedes ver lo que están haciendo las casas de packaging, que es otro mundo totalmente diferente, puedes ver las pequeñas editoriales y puedes ver lo que está haciendo el Ayuntamiento. Son cosas diferentes pero nos presenta todo al mismo nivel a través de Internet. Esto no pasaba antes.

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¿Dónde mira Barcelona?

Barcelona siempre ha mirado fuera. Por una parte, uno tiene una herencia cultural, tiene una escuela de la que se siente más o menos afín o de la que ha emanado, y por otra parte, se ve reflejado, en sus coetáneos de otros sitios que le influencian. También es verdad que ahora hay más diseñadores y se ve todo más, es más fácil identificar las referencias. Las paredes de Internet son de cristal, todo se sabe.

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Barcelona está en un punto muy curioso, a mi entender. Hay un sistema de retroalimentación entre las escuelas de diseño y los estudios de diseño, esto creo que es una novedad.
Los estudios de diseño de Barcelona se empiezan a nutrir de diseñadores que ya han sido formados en escuelas de Barcelona. Antes había un porcentaje de diseñadores que se habían formado en Elisava, Eina o Massana y que habían ido ocupando sitios en estudios de gente que no había hecho eso: o bien venía de la profesión tradicional, o venía de fuera, de otros países, o de la publicidad, etc.
La estructura de los estudios de finales de los 70-80, durante los 90 tuvo una cierta retroalimentación con la propia ciudad, pero también vino muchísima gente de fuera en esa época. Ahora tengo la sensación de que el círculo se ha cerrado casi completamente.
En términos de cuánto está abierta la ciudad a otros sitios, el cierre del círculo entre la estructura académica y la estructura gremial me parece un factor a tener en cuenta. El triángulo escuelas de diseño – estudios – ADG-FAD creo que genera una nueva situación. No sé hasta qué punto tiene consecuencias o no. No es que me parezca muy saludable, pero también se podría ver como un contexto generador de escuela.

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Perfiles profesionales y metodología

En Lamosca hemos pasado por muchas fases. Al principio empezamos como un estudio multimedia.
Siempre hemos sido pocos, así que hemos sido permeables a la gente que ha habido en cada momento. Si entraba alguien que sabía mucho de programación, hacíamos cosas más tecnológicas que explotaban la programación, etc. Hubo un punto de inflexión en que decidimos que queríamos ser un estudio de diseño como los que a nosotros nos gustan, pero siempre hemos intentado ofrecer de todo y hemos ido incorporando cosas que hemos aprendido por el camino.

Nunca hemos hecho labor comercial. No tenemos tiempo y no va con nosotros. Siempre nos han venido a buscar. Esto puede generar también muchos vicios, al ponerte en una situación muy cómoda.

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Casi nunca trabajamos para agencias de publicidad. Ahí te ahorras algunos marrones.
Si no trabajas para agencias y la mayor parte de los clientes que vienen lo hacen por referencias de otros clientes o porque te han visto no se donde y les interesa lo que haces, no necesitas más. No tengo ni idea de cómo hemos llegado a esto. Lo de procurar no trabajar para agencias sí que fue una decisión consciente. No queríamos entrar en esa dinámica. Emocionalmente, nunca hemos sido capaces de gestionar el coste de no poder defender nuestros proyectos, que es una de las cosas que implica trabajar para una agencia.
Tampoco nunca hemos tenido becarios. No creo que esté mal tenerlos, pero siempre que les puedas pagar. Entiendo que para el becario lo interesante es la experiencia de trabajar con nosotros, pero hay que poder remunerarles el trabajo. Hemos procurado ser una cooperativa también en términos ideológicos.

Presentamos una sola propuesta al cliente. No tiene sentido hacerlo de otra manera para mi.

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Estilo y tendencias

Un diseñador, para mi, debe responder siempre a las necesidades de un cliente. ¿Eso tiene que ver con la forma? No necesariamente. No solamente es la forma lo que determina el trabajo del diseñador, como mínimo el trabajo que hemos estado haciendo nosotros.
Nosotros nunca hemos hablado de estilo. A mi, personalmente, me gusta hablar de tradición, de escuela. Uno tiene unos recursos expresivos, que son los que maneja. Si ahora me piden que haga un póster, que le ponga un filete azul eléctrico y que ponga los títulos uno en cada lado, pues es imposible que lo veamos como propio. No tiene ninguna razón de ser. Nuestro proceso de trabajo finalmente desemboca en piezas con una coherencia, aunque sea subterránea, que te hace pensar que lo hacemos nosotros. Tenemos una serie de recursos y utilizamos una serie de ideas, aunque incorporen modos del lenguaje contemporáneo.
Antes o después, la ola de la moda vuelve a pasar por el sitio donde estás. Así que si las decisiones son conscientes, si las obras son consistentes, no dependen de tendencias.

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El diseñador del futuro

El diseñador del futuro es un parado, básicamente. La profesión del diseño gráfico, como la entendemos nosotros, no tiene futuro.
Bueno… maticemos. Me parece que se ha abierto una brecha muy grande entre dos niveles de producción: uno muy relacionado con el lujo, cierto tipo de marcas, cierto tipo de producción en la parte de arriba de la tabla y una lumpenización de todo lo demás. En España y Barcelona ha pasado mucho: el espacio de intermedio, me da la sensación de que estaba ocupado en parte por las instituciones, que ahora mismo tienden al “lumpen” por una cuestión de costes. A día de hoy, los 20 años de experiencia como diseñador que puedas tener no hay quien te los pague. La exigencia del cliente es exactamente la misma para un recién graduado que para un tío que lleva 40 años trabajando. Así que, o te sitúas en el segmento alto del mercado y trabajas para agencias de publicidad, en formato consultoría, etc. o estás condenado a trabajar en el segmento bajo y, el segmento bajo, tiene muchos más costes que el monetario como, por ejemplo, la no valoración del trabajo.
Para mi no es un problema de si hay o no futuro, sino cómo se reacciona ante esta estructura del mercado. Personalmente, yo creo que tiene poca solución. Siempre hablando desde el punto de vista de estudio pequeño.

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Como gremio, se podría presionar al estado. La cultura del diseño no sólo depende de los diseñadores, también de que se haga pedagogía.
Por ejemplo, el sector del vino. De repente, una gente que solo pensaba en toneladas de uvas y miles de botellas, ahora piensan en la etiqueta. Esto puede tener que ver con la burbuja de la comida moderna pero también con que alguien explicó a 500 empresarios del vino de La Rioja que su problema es que no podían cobrar más por el vino porque no ofrecían valor añadido y que una manera de dar valor añadido es introducir el diseño en su cadena de producción.
Ésta es la única manera que yo veo que, como gremio, se puede hacer. Es convencer al cliente de que lo que hacemos no es un capricho, sino que es fruto de decisiones conscientes, de una cadena de trabajo. Y de que para competir en lo que sea que hagas no puedes competir por precio, sino que tienes que hacerlo con valor añadido (que es otra palabra que detesto, por cierto).

En realidad no es que falte cultura del diseño, es que falta cultura. El diseño es el mínimo de nuestros problemas, desde ese punto de vista.

Luego, por ejemplo, se podrían hacer cosas: en Barcelona, volver a recuperar la cultura del cartel, eliminar las banderolas de una vez por todas y recuperar el cartel como un medio de expresión, no sólo de propaganda. Todo es importante y tiene su efecto.

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A nivel de escuelas, lo que falta es cultura, y no es algo solamente de las escuelas. Hay una cierta aculturalidad. ¿Que diseñadores te gustan a ti? ¿Cuáles son tus referentes en diseño? Piensa en eso. Todos los diseñadores que me gustan son grandes artistas, que se mueven en la cultura. Cultura entendida muy ampliamente: desde el rock’n’roll hasta la pintura o la tele, da igual… eso es indiferente.

La formación de diseño, me da la sensación de que es muy autorreferencial. Se habla sobre piezas de diseño que en realidad no están hablando de diseño, sin situarlas en contexto. Nuestro campo no es como la pintura, la pintura siempre habla de pintura, siempre tiene un discurso sobre el propio medio. Pero el diseño no, el diseño habla desde el momento cultural. Por ejemplo, un cartel de Milton Glasser no habla de diseño, tiene unas referencias, unas tipografías, unos guiños, pero está hablando de la América de los 60. En este sentido probablemente el bucle en las escuelas sea más evidente.

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Podríamos decir que el diseño gráfico está en la adolescencia, le empiezan a salir granos, le pasan cosas raras. Pero es que antes no existía, era una parte de la publicidad. No existía autónomamente. Era una pieza dentro de un engranaje. Para nosotros parece que haya existido toda la vida pero no es verdad.

¡La revolución no para nunca! La revolución es un proceso, no es un momento.

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I’m Miriam, a 31 years old graphic designer from Barcelona. A few months ago I left my apartment, quit my job, packed my things and left for this journey. Now I'm back in Barcelona, publishing all the interviews and working on my renewed portfolio. Follow me!

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